Tecnología y educación: ¿van siempre de la mano?

Muchos gobiernos, incluidos los de América Latina y el Caribe, han recurrido a la tecnología para hacer frente a los retos del nuevo siglo, eligiendo opciones en función de sus limitaciones en materia de infraestructura y conectividad. Entre los 23 países de la región que cerraron las escuelas a causa del COVID-19, más de la mitad impartieron educación a través de la radio y la televisión, y pusieron a disposición de los estudiantes contenidos digitales. Solo Uruguay pudo hacer la transición a las aulas virtuales. El dato con el que comienza esta publicación ya es esclarecedor.

El documento consta de cuatro partes: preparar a los estudiantes para los nuevos desafíos, cambiar la arquitectura institucional, incorporar las habilidades del siglo XXI y transformar la educación. Y se centra en algunos casos de éxito como Finlandia, Corea. Uruguay y Estonia.

Explora cómo los sistemas educativos pueden responder mejor a los cambios de habilidades en el mercado laboral.

En este mundo complejo y multidimensional, las escuelas deben proporcionar a sus estudiantes capacidades como la resiliencia, motivación y habilidad para aprender. Así lo ha hecho Finlandia, que en lugar de enfocarse solo en aprender contenido (el “qué saber”), los nuevos currículos enfatizan el proceso de aprendizaje (el “cómo aprender”).

El documento revisa también experiencias como el Plan Ceibal de Uruguay, que ha permitido el acceso a dispositivos electrónicos y proporcionado conectividad a internet, utilizando las TIC como un pilar para introducir un conjunto de herramientas y recursos para mejorar la experiencia de aprendizaje y enseñanza.

Estonia, por ejemplo, emprendió una reforma educativa donde la tecnología estaba en el centro.

Pero la tecnología no puede solucionarlo todo y tiene sus limitaciones. El documento explica qué es lo que esta puede hacer o no por la educación. En el primer supuesto, esto es lo que puede hacer:

  1. Reducir la brecha digital
  2. Diversificar herramientas para el aprendizaje.
  3. Proporcionar aprendizaje personalizado.
  4. Desarrollar mejor las habilidades tradicionales y transversales.
  5. Fortalecer el desarrollo profesional de los docentes.
  6. Mejorar la eficiencia en la gestión de la escuela y del aula.
  7. Recopilar datos y generar información.

Lo que no puede hacer:

  1. Generar una visión compartida.
  2. Lograr la equidad social y la inclusión.
  3. Mejorar el aprendizaje.
  4. Hacer que la implementación sea exitosa.
  5. Cambiar la arquitectura institucional.
  6. Empoderar a los maestros para convertirse en agentes de cambio.
  7. Brindar apoyo y garantizar el bienestar de los estudiantes.

Sin duda, un asunto sobre el que reflexionar pausadamente.