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Oportunidades para la educación, según Rebeca Winthrop y Emilia Ahvenjärvi

¿Cuál es el papel de las escuelas en la actualidad?, ¿la experiencia edtech ha sido positiva o ha dificultado el uso de las tecnologías en la educación?, ¿el aprendizaje mixto llegó para quedarse?, ¿ha crecido y mejorado la colaboración de los profesores?

La conversación entre Rebecca Winthrop, codirectora del Centro de Educación Universal en The Brookings Intitution, y Emilia Ahvenjärvi, consejera de Ciencia y Educación de la Embajada de Finlandia en Buenos Aires, que ambas llevaron a cabo recientemente en el marco de EnligthED fue, sin duda, una de las grandes oportunidades que ha ofrecido este evento internacional para reflexionar sobre los riesgos y las oportunidades que han aparecido en estos meses ante los sistemas educativos en plena pandemia.

El diálogo entre ambas expertas nos abrió los ojos sobre la situación que han vivido los docentes durante estos meses y que aún siguen viviendo, sobre las diferentes formas de aprendizaje y sobre el valor real de la tecnología como método innovador de aprendizaje, siempre que se sepa hacer un uso creativo de ella.

Ineficacia de los métodos tradicionales

Para ambas, la pandemia ha puesto de manifiesto que los métodos tradicionales de enseñanza no tienen mucha validez, pero tampoco es correcto el aprendizaje virtual sin docentes que estén al mismo tiempo dirigiendo los procesos de ese aprendizaje. “El mundo ha cambiado, pero las responsabilidades de la escuela siguen siendo las mismas de siempre, dar oportunidades para aprender”, comentaba Emilia Ahvenjärvi.

La participación de las familias en la educación de sus hijos ha sido para las dos conversadoras uno de los grandes logros que ha conseguido esta pandemia. El compromiso de las familias con el aprendizaje ha sido muy intenso, y eso es algo que ha logrado la escuela y hay que reconocérselo para ser justos.

Sin embargo, los docentes no lo han tenido fácil. Muchos se han encontrado solos. “Cuando las escuelas empezaron a cerrar, los educadores pensaron que podían abarcarlo todo y hubo ideas geniales como aquellas de conectarse por Zoom o Google. Sin embargo, todo giraba en torno a la transmisión de contenidos, lo cual era aburridísimo para los estudiantes”, señala Rebecca Winthrop.

El cómo enseñar es más importante que el qué

Efectivamente, los docentes solo podían en esos momentos acoplar sus enseñanzas a un nuevo sistema: la tecnología. Pero aquello no era suficiente, ni mucho menos adecuado. “Creo que el cómo enseñar es mucho más importante que el qué enseñar y hay formas muy interactivas de hacer que la tecnología no sea algo aburrido. Sin embargo, eso solo es posible conseguirlo en los lugares donde existe flexibilidad curricular. La tecnología funcionó entonces, en aquellos momentos, pero tenemos que convertirla en algo creativo y divertido. Hay maneras y maneras de usarla y espero que los profesores se sientan cada vez más cómodos con ella. Mi pronóstico, en este sentido, es que acabará habiendo una transformación”. Es el pronóstico de Winthrop, pero también el de Ahvenjärvi.

Ambas muestran su preocupación por lo que los estudiantes van a estar aprendiendo durante esta pandemia y coinciden en que en estos tiempos hay que incidir, sobre todo, en la necesidad de que aprendan a manejarse en un mundo de cambios y dificultades.

Tecnología y habilidades

Ese es otro de los aprendizajes que pueden hacer en estos tiempos para sacar partido a esta situación de crisis. “Pero ¿cómo podría ayudar la tecnología en ese sentido?”, se pregunta Rebeca Winthrop. “Me preocupa que la educación use la tecnología para saltar por encima de esas habilidades y no repare en ellas”. Para ello, la autora recurre al concepto del leapfrogging, que es la noción de que las áreas de deficiente desarrollo tecnológico o económico pueden moverse rápidamente hacia adelante a través de la adopción de sistemas modernos sin tener que recurrir a etapas intermediarias. Este concepto surgió en el contexto de las teorías del crecimiento económico y de estudios de innovación de organización industrial, específicamente con foco en la competencia entre empresas.

Precisamente Winthrop firma el libro titulado Leapfrogging Inequality. Remaking Education to Help Young People Thrive junto a Adam Barton y Eileen McGivney. Los investigadores trazan un nuevo camino para la educación global al examinar la posibilidad de dar un salto (aprovechar la innovación para acelerar rápidamente el progreso educativo) para garantizar que todos los jóvenes desarrollen las habilidades que necesitan para un mundo que cambia rápidamente.

Al analizar un catálogo de casi 3.000 innovaciones educativas globales, la cifra más grande de este tipo hasta la fecha, los investigadores exploran el potencial de las prácticas actuales para permitir tal salto. Como parte de este análisis, el libro presenta un marco basado en la evidencia para avanzar en la educación, que se basa en el aquí y ahora al narrar historias ejemplares de innovación de todo el mundo.“Las competencias de los docentes también deben mejorar y también la colaboración entre ellos. Al principio estaban solos y no sabían muy bien como reaccionar. Creo que en estos momentos el trabajo colaborativo que están desarrollando entre muchos de ellos hará que sean capaces de fomentar en los estudiantes esas habilidades que necesitan en estos momentos”, concluye Ahvenjärvi.Momentos antes de esta conversación entre ambas investigadoras, desde Fundación Santillana tuvimos la oportunidad de entrevistar a Rebeca Winthrop para profundizar más sobre algunos de los temas que iban a tratar:

  1. ¿Podemos confiar en que el gran experimento educativo de la pandemia será cambiar lo que no está funcionando en educación?Creo que no sería prudente confiar en que las cosas cambiarán profundamente en la educación debido a la pandemia. Es igualmente probable que las cosas vuelvan exactamente como eran antes. Sin embargo, lo que estoy defendiendo es un impulso activo entre todos los miembros de la comunidad educativa global para avanzar en la dirección de una transformación positiva que surja de la pandemia. Si trabajamos juntos y articulamos una visión de cómo hacer que la educación sea más sólida que antes, es posible que tengamos la oportunidad de transformar las cosas para mejor.
  2. ¿Qué debemos aprovechar esta pandemia en el contexto escolar que no se está aprovechando?Creo que debemos aprovechar mucho más los aliados educativos fuera de las cuatro paredes de la escuela que podrían asociarse con educadores y administradores escolares para proporcionar un ecosistema de aprendizaje rico dentro y fuera de las escuelas: familias, padres, hermanos, bibliotecas, parques, jardines, empresas, grupos religiosos, etc.
  3. ¿Cuáles son los grandes desafíos que la pandemia nos ha traído a la educación?La pandemia ha dejado al descubierto la desigualdad en la sociedad que las escuelas públicas, por imperfectas que sean, siempre han tratado de mitigar.
  4. ¿Qué habilidades son esenciales para los estudiantes en este momento? Curiosidad, autoeficacia, aprender a aprender, agencia estudiantil, resiliencia, adaptabilidad …
  5. ¿Cómo imaginas la escuela del futuro teniendo en cuenta las circunstancias en las que nos encontramos? Creo que la escuela del futuro debería dedicarse a experiencias de enseñanza y aprendizaje mucho más experimentales en las que el aprendizaje y la adquisición de conocimientos basados ​​en el aula se apliquen y cuestionen en el mundo real. Esto significa un mayor esfuerzo dentro y fuera de la escuela para diseñar sistemas de aprendizaje. Es hora de parar y repensar los sistemas educativos.
  6. ¿Qué riesgos está corriendo la educación en estos momentos de crisis?Creo que existe un enorme riesgo de olvidar a los que quedan atrás y ampliar las brechas en desigualdad, y eso no es bueno para la sociedad.

Ambas conversaciones, tanto la de Fundación Santillana como la de las dos expertas en EnlightED, nos proyectaron un enorme optimismo sobre lo que nuestros estudiantes pueden aprovechar de esta situación y sobre el nuevo enfoque que los docentes pueden darle a la educación, aprovechando la tecnología, pero también la gran oportunidad de ayudar a fomentar en los alumnos nuevas habilidades que de otra forma habría sido más complicado adquirir.El tiempo aún no nos ha dado respuestas firmes, pero empezamos a ver en el horizonte algunos retazos de cambios.

La educación nos une.