¿Estamos ya en la escuela del futuro?

Algunas de las instituciones educativas más progresistas de España ya plantearon hace más de un siglo cómo sería la escuela del futuro. Sería una escuela sin libros, o con libros diseñados por los propios alumnos, una escuela sin clases magistrales y en cuyas aulas los estudiantes no pasarían demasiado tiempo, ya que la mayoría de sus horas lectivas las dedicarían a salir de ellas a exposiciones, a visitas… a aprender, en definitiva, fuera de la clase y sumergidos en la experiencia.

El sueño de una escuela diferente siguió creciendo, haciéndose cada vez más real. Muchas escuelas consiguieron dar el deseado salto hacia el futuro, aunque otras, sin embargo, se quedaran solo en el intento por diferentes motivos. O ni siquiera en ello, ya que sus posibilidades y recursos no les permitían llegar más allá de la enseñanza más básica.

Hoy ha llegado la pandemia, precisamente cuando la educación empezaba a experimentar cambios. Esta ha causado la mayor disrupción que jamás ha sufrido la educación en el ámbito mundial. No hablamos de países aislados, de casos concretos. Hablamos de los estudiantes de prácticamente el mundo entero condenados a no seguir el calendario habitual del aula y a salir de ellas para continuar con el aprendizaje desde sus casas.

Preguntas para la reflexión

¿Es momento para cambiar? ¿Deberíamos aprovechar la situación precisamente ahora para pensar el sentido de la escuela, para conseguir ese sueño de muchos que no conseguían que se hiciera realidad? ¿Para, en lugar de empezar desde cero, arrancar desde diez o desde cualquier punto de la escala donde cada institución se encuentre?

Ciertamente, tenemos una oportunidad de reimaginar la educación, la enseñanza, el aprendizaje, pero la vida nos ha mostrado que las realidades sociales que vivimos en este planeta son completamente diferentes y que no todos tienen las mismas oportunidades para reimaginar su escuela ideal, la que siempre han querido.

Lejos de eso, hasta los países más desarrollados han experimentado una marcha atrás. ¿Pensábamos que ellos estaban preparados? ¿Que tenían las herramientas necesarias para transformar la educación? Sí, seguramente lo pensamos, pero la pandemia nos hizo abrir los ojos y darnos cuenta de las enormes desigualdades que existían, de que incluso en las sociedades más avanzadas esas desigualdades eran aún más pronunciadas.

¿Para qué utilizamos la tecnología?

Ahora nos damos de bruces con un tema urgente que muchos pensaban que estaba resuelto: el uso, el manejo y la accesibilidad a la tecnología. ¿Para que la utilizamos? ¿Qué dice la pedagogía sobre su uso adecuado? Y resulta que lo que pensábamos que era una asignatura más que aprobada, algo que dábamos por hecho que pertenecía a nuestro propio modo de vida (de familias, estudiantes, profesorado…) es aún una asignatura pendiente ¡en pleno siglo XXI!

Y, lo peor de todo, seguimos viviendo este tema con la mayor de las incertidumbres. ¿Hemos aprovechado estos meses para prepararnos para una escuela adaptada a estos nuevos tiempos? ¿Una escuela a la que ninguna o casi ninguna contrariedad pueda pillarla por sorpresa? ¿Una de las instituciones más importantes de una sociedad está ya preparada para subirse al tren del cambio? Desafortunadamente, la respuesta es no. Aún queda mucho por aprender, repensar, reflexionar, interiorizar…

Durante estos meses de crisis educativa la escuela no está siendo capaz de reinventarse, al menos no en su mayoría. Muchas de ellas ni siquiera han podido reabrir sus puertas aún, como ocurre en muchos países de América Latina.

La importancia de compartir experiencias

Por eso ahora es más importante que nunca compartir experiencias, ver cómo lo han hecho los demás, abrir la mente y las aulas a nuevas ideas, a modelos que estén dando buenos resultados. Hay que aventurarse, ser valientes, atreverse a dar una pequeña vuelta de tuerca ahora que sabemos qué era todo aquello que hacíamos mal y aprovechar esta oportunidad para transformarlo. ¿Aprender de nuestros errores? Sí, por qué no. ¿Aprender de las experiencias de otros? Sí, sin duda alguna.

Invertir en políticas públicas sería uno de los primeros pasos que los países tendrían que dar. Es cierto que muchos de ellos precisamente es eso lo que no han parado de hacer: fuertes inversiones para salir de la pandemia. Pero la educación es el pilar más enraizado sobre el que se sostiene una sociedad. Y no podemos abandonar ahora a nuestros estudiantes. Tenemos una oportunidad generacional de reimaginar la educación y la enseñanza.

Conferencia Iberoamericana de ministros de Educación

Hace unos días se celebró en Andorra la XXVII Conferencia Iberoamericana de Ministros y Ministros de Educación, que reunió a 22 países, acogida por Andorra. Esta conferencia se enmarcaba en el proceso de preparación de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que este año tendrá el lema «Innovación para el Desarrollo Sostenible – Objetivo 2030. Iberoamérica ante el desafío del Coronavirus». En la última década, se han logrado importantes avances en el planeta en términos de acceso a la educación y aumento de la escolarización, e Iberoamérica ha hecho una gran inversión en el sector educativo.

Sin embargo, las desigualdades y la dificultad para alcanzar los estándares en competencia lectora y matemáticas, por ejemplo, se agravarán aún más durante esta pandemia.

Todos los países del mundo han hecho un esfuerzo titánico por adaptar las tecnologías a las necesidades de los estudiantes durante estos meses. Sin embargo, los estudiantes han tenido enormes dificultades para adaptarse a ellas. Se han hecho casi imprescindibles para avanzar en la escuela y eso ha sacado a la luz que tampoco ellas son la solución absoluta a los problemas de la educación.

Transformación digital educativa

Las desigualdades se han hecho cada vez más y más grandes. Por eso, la transformación digital de la educación ha sido uno de los tres temas elegidos para esta Conferencia Iberoamericana, así como la formación a lo largo de la vida y la escuela y los sistemas educativos innovadores comprometidos con la sostenibilidad y que fomenten la competencia emprendedora de los alumnos.

La línea que dominó las intervenciones de los responsables de la educación fue el valor insustituible de la enseñanza en el aula, sin perjuicio de los necesarios avances en la introducción de lo digital.Portugal y España, al igual que la mayoría de los países europeos, abrieron sus aulas este curso para dar una oportunidad a la educación presencial o semipresencial mientras sea posible. También lo han hecho Uruguay, Argentina y Colombia.

Construyamos hoy el futuro de la educación. Desde Fundación Santillana llevamos meses generando un consistente debate sobre la escuela que viene en el marco de la crisis educativa por la COVID-19. La escuela que viene. Reflexión para la acción es una iniciativa cuyo eco ha llegado ya a muchísimos países. La escuela tiene que cambiar y desde este proyecto, al que ya han hecho referencia en sus discursos numerosos especialistas del mundo de la educación, estamos poniendo toda la carne en el asador para conseguir configurar esa escuela del futuro partiendo de la que ya tenemos. Y para ello apostamos porque la tecnología tenga un papel en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Las palabras del ministro de Educación de Portugal

Como señaló el ministro de Educación de Portugal, Tiago Brandão Rodrigues, en la XXVII Conferencia Iberoamericana de Ministros y Ministros de Educación, y a quien tendremos con nosotros en uno de los ciclos de La escuela que viene. Reflexión para la acción, lo digital no puede entenderse como un motor, más bien como un instrumento de la agenda educativa, advirtiendo también de la necesidad de evitar los riesgos que conlleva lo digital como, por ejemplo, la tendencia hacia individualización en la que cada uno se cierra en su ventana.

La escuela del futuro está llegando. Deseamos con fuerza que esta pandemia acabe y que volvamos a la vida de antes, pero no queremos volver sin haber aprovechado esta oportunidad para hacer un cambio. No queremos que las cosas vuelvan a ser como antes, especialmente si no funcionaban en una sociedad cambiante.

Tenemos que ser capaces de demostrar que como sociedad hemos aprendido y como comunidad educativa, también. Si no resolvemos esos problemas que se han mostrado evidentes en estos meses, ¿llegaremos a encontrar la escuela del futuro? No. Seguiremos anclados en el pasado y en esos sueños que muchos de los grandes pensadores educativos de la historia soñaron y que jamás se cumplirán.