Rebeca Anijovich reflexiona sobre la evaluación y los saberes

Fue una de las grandes contribuciones a La escuela que viene. Su análisis sobre la evaluación en su función formativa abrió la mente de muchos miembros de la comunidad educativa, que vieron en su discurso una oportunidad para repensar en sistema de evaluación.

Ahora, cuando está a punto de dar comienzo el curso (o ya acaba de comenzar en muchos países) y La escuela que viene. Reflexión para la acción empezará pronto su segunda fase, Anijovich hace un análisis sobre lo que ha pasado en estos meses y sobre la necesidad de aprovechar estos momentos para replantearse muchos aspectos de la educación que se han quedado anclados en el pasado.

Rebeca Anijovich

 ¿Qué han aprendido los estudiantes desde que empezó la crisis de la COVID-19?

Si bien no es posible generalizar, considerando las brechas existentes con relación al acceso a la conectividad, a los dispositivos tecnológicos y a contextos sociales y económicos desfavorables, podemos identificar algunos aprendizajes desde que empezó la crisis de la COVID-19. Algunos estudiantes han aprendido a realizar tareas de colaboración en el hogar, a desarrollar autonomía para abordar y resolver las tareas escolares, a utilizar tutoriales para resolver tareas escolares y otras de interés por fuera de la escuela y a abordar contenidos propiamente escolares propuestos por los docentes.

¿Es necesario evaluar esos aprendizajes?

Evaluar es siempre importante en la medida que nos permite diagnosticar qué y cómo están aprendiendo los estudiantes y orientar las futuras acciones. Pero también entendemos la evaluación como una oportunidad para que los estudiantes pongan en juego sus saberes, visibilicen sus logros, aprendan a reconocer sus debilidades y fortalezas como estudiantes. De acuerdo con Brookhart (2013), la evaluación formativa implica ir formando mientras se aprende y proveer información que contribuye a que el estudiante avance.  El aspecto más importante de esta perspectiva es el lugar destacado que ocupa la idea de avance, y esta es la idea más provocadora. La evaluación tiene que ser formativa para los estudiantes, pero también para los profesores: al mirar las producciones y desempeños de sus estudiantes pueden reorientar la enseñanza.

¿Qué es lo más importante que deberían aprender los estudiantes en estos momentos?

Aprender a pensar, aprender a autoevaluarse, a autorregular sus aprendizajes, a trabajar con otros, a desarrollar capacidades o competencias, hacer visible sus aprendizajes, contenidos desafiantes y significativos, puestos en contexto, interesantes también para los estudiantes.

¿Cómo pueden conocer los estudiantes en estos momentos los objetivos del aprendizaje cuando ni siquiera están aprendiendo de manera óptima?

Conocer los objetivos es orientador para que un estudiante sea protagonista de sus aprendizajes, comprenda el sentido de lo que aprende.

¿Qué deberían tener en cuenta los docentes hoy a la hora de evaluar? (hay elementos como debatir o dialogar con sus pares que en estos momentos no pueden llevarse a cabo).

En estos momentos es posible evaluar el recorrido, los avances, el proceso de aprendizaje, es decir, no solo qué está aprendiendo, sino cómo lo hace. Es posible ofrecer actividades de autoevaluación, de retroalimentación entre pares (donde sea posible hacerlo). Es importante transparentar los criterios de evaluación tanto con los estudiantes como con las familias.

¿Qué significa la retroalimentación formativa y cómo se pone en práctica?

No se trata solo de acreditar saberes de los estudiantes, sino también de promover la toma de consciencia de su propio proceso de aprendizaje y contribuir al desarrollo de su autonomía.  Consideramos que un estudiante es autónomo cuando comprende el sentido de aquello que tiene que aprender, toma decisiones acerca de cómo va a llevar adelante ese aprendizaje y reflexiona su proceso, su recorrido. Desde esta perspectiva, la retroalimentación formativa tiene como propósito impactar en la mejora de los aprendizajes de los estudiantes. Para ello utiliza distintos instrumentos como los protocolos, las listas o pautas de cotejo, las rúbricas, los portafolios, las bitácoras. Estos instrumentos pueden ser de autoevaluación en algunos casos y de retroalimentación entre pares en otros.

¿Cómo puede avanzar la educación cuando ni siquiera sabemos por cuánto tiempo permanecerán abiertas las aulas (al menos en España)?

Pensaría más acerca de los desafíos que tenemos por delante. Estamos atravesando un tiempo de incertidumbre e inédito, de certezas perdidas que nos tiene que provocar la reflexión compartida, en comunidad, para seguir educando. Es un período excepcional que nos compromete a salir de la zona de confort y volver a pensar cómo seguir educando.

A grandes cambios, grandes soluciones: ¿es el momento de replantearse y revisar la forma en que se evalúa en los colegios? ¿No crees que el sistema tradicional ya no tiene demasiado sentido?

El sistema tradicional no tiene demasiado sentido hoy y es necesario revisar no solo cómo se evalúa, sino también cómo se enseña, entendiendo que son un par indisociable. Tenemos una oportunidad interesante para desafiar el sentido de la educación, qué tiene sentido mantener, qué “soltar” y qué innovar.

Las palabras de Anijovich nos invitan a pensar en los nuevos desafíos que tenemos por delante en este curso y a comprender su excepcionalidad. ¿Qué nos sirve? ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué errores no se pueden cometer en esta nueva situación? También con ella, la educación nos une.