"La escuela debería ser el espacio donde aprendamos a vivir esperanzados"
Fernando Trujillo, profesor de la Universidad de Granada, investigador del Grupo CAAS, socio fundador de Conecta13

“La escuela debería ser el espacio donde aprendamos a vivir esperanzados,” afirma, nada más comenzar esta conversación, y sin anestesia previa, Fernando Trujillo, profesor de la Universidad de Granada, investigador del Grupo CAAS (Conocimiento Abierto para la Acción Social), socio fundador de Conecta13, autor de varios libros e innumerables artículos y, sobre todo, gran amigo, además de un excelente, inteligente e incisivo conversador.

Esta primera afirmación de Fernando, nos recuerda aquello que tantas veces defendió el pedagogo brasileño Paulo Freire, “que no hay mañana sin proyecto, sin sueños, sin utopía, sin esperanza, sin el trabajo de creación y desarrollo de posibilidades[1]”. Que la escuela (y la educación) es o debería ser, ante todo, creadora de posibilidades, de inéditos-viables. Que no se puede educar sin soñar, y que soñar es imaginar horizontes de posibilidad.

La escuela como el espacio para aprender a vivir esperanzados es lo que han sostenido y sostienen, desde hace muchos años, numerosas educadoras y educadores de todo el mundo cada vez que se niegan “a distribuir las vidas en distintas orillas” (Graciela Frigerio, 2005).

“No tenemos que asumir nuestro origen para definir nuestro punto de llegada”, continua Fernando. Educar es luchar por generar condiciones de posibilidad para todos. “La educación es un terreno de lucha. No es un terreno de la neutralidad” (Fernando Trujillo). Así que educar debe ser siempre un acto de resistencia a la reproducción de las desigualdades (Graciela Frigerio, 2004). Oponerse a transformar diferencias en desigualdades[2] y “rehusar a ser cómplices de un sistema de atribución de lugares, que hace que ciertas vidas sean marcadas por la dote de lo pensable, mientras que otras estén marcadas por la ausencia de dote y, por ello mismo, limitadas a su reproducción” (Graciela Frigerio, 2005[3]).

Son muchos los y las educadoras que, a diario, trabajan por una escuela y sueñan en una escuela, entendida como dispositivo y no solo como lugar físico, que tiene “el potencial para proporcionar a cada cual, independientemente de sus antecedentes, de su aptitud o de su talento natural, el tiempo y el espacio para abandonar su entorno conocido, para alzarse sobre sí mismo y para renovar el mundo[4].“

Pero ese sueño es también nuestra pesadilla. Ese sueño es también el desafío pendiente de nuestra escuela. O mejor, como plantea el propio Fernando, es el principal desafío de nuestra sociedad, “porque la sociedad no ha sabido construir una escuela de la esperanza. La sociedad ha sabido construir una escuela que se limita a reproducir y a replicar lo que ella misma es: los dramas de la sociedad, las discontinuidades de la sociedad, las rupturas de la sociedad. Las quiebras de la sociedad las hemos repetido en la escuela.”

Un reto, o un sueño, que ahora más que nunca debe ser afrontado colectivamente. “Soñar colectivamente es un desafío que se les plantea a todos y todas las que luchan por la reinvención de la educación, desde la perspectiva de su democratización, en la escuela y en otros espacios educativos.[5]” Soñar colectivamente es asumir la lucha por las condiciones de posibilidad. La educación sigue Fernando es un terreno de juego basado en el conflicto y en el que se confrontan los distintos modelos sociales que nos rodean y que se vinculan con lo económico, con lo político, con lo cultural.” Por eso educar es siempre tomar partido.

Tomar partido en primer lugar por nuestros alumnos y alumnas, trabajando por una educación que no excluya a nadie; que no solo ayude a aminorar las desigualdades, sino que luche por disminuir también, en la medida de lo posible, las condiciones que las crean; que atienda las diversidades que existen en la sociedad, en los centros educativos y en nuestras aulas; que sea capaz de ofrecer a todos y todas las máximas oportunidades para desarrollarse en todos los ámbitos de su vida personal, social, académica y profesional, sean cual sean sus condiciones de partida y sus circunstancias particulares.

Tomar partido por la educación significa también hacerlo por las escuelas y sus docentes. Unos docentes que, no olvidemos, llevan años advirtiéndonos que lo relevante no es la sucesión de contenidos que suele poblar nuestros currículos, ni el número de horas destinado a cada materia, ni siquiera los contenidos de esas materias, sino “la construcción de un flujo de relaciones sociales rico en el aula y en el centro educativo. La construcción de líneas de colaboración entre los docentes, el poder generar situaciones de trabajo enriquecidas, de trabajo que conduzca a operaciones mentales y a establecimiento de relaciones sociales con sentido”. (Fernando Trujillo). Lo relevante, como nos recordaban esta semana pasada, en pleno confinamiento del #covid19, desde el IES Cártima de Málaga, “hacer un esfuerzo para dotar de sentido las propuestas que hacemos al alumnado y situarlo en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.” Pero no queremos escuchar a los docentes nunca, nos recuerda Fernando en esta conversación y, por tanto, no articulamos las medidas para que eso ocurra. Tomar partido sería, entonces, escuchar a unos y otros. A alumnos y docentes. Escucharlos un poco más. Atender realmente a lo que les pasa. Y no solo a lo que pensamos que les pasa.

La esperanza, sostiene en esta conversación Fernando Trujillo y con ello termino esta breve introducción, se convierte así en el “criterio para analizar aquellas pedagogías que no caminan hacia el sentido adecuado tanto en el plano personal, hacer feliz a la persona, permitirle alcanzar la felicidad, como en el plano social, es decir, superar las quiebras y las discontinuidades de nuestra sociedad.”

La pregunta que nos deja Fernando y que debemos tratar de respondernos sería entonces ¿cómo construir la esperanza? Por mi parte, os dejo con la conversación y con la palabra de Fernando Trujillo. Espero que os guste.

 

Carlos Magro

 

[1] Paulo Freire (2015). Pedagogía de los sueños posibles. Por qué docentes y alumnos necesitan reinventarse en cada momento de la historia. Siglo XXI
[2] Graciela Frigerio (2004). La (no) inexorable desigualdad. Revista Ciudadanos
[3] Graciela Frigerio (2005). Las inteligencias son iguales.  Ensayo sobre los usos y efectos de la noción de inteligencia en la educación. 
Revista Interamericana de Educación de Adultos, vol. 27, núm. 2, 2005, pp. 136-145
[4] Jan Masschelein y Maarten Simons (2014). Defensa de la escuela. Una cuestión pública. Buenos Aires, Miño & Dávila
[5] Ana María Araújo Freire en Prefacio a Pedagogía de los sueños posibles de Paulo Freire (2015).