“No puedes ser competente sin conocimientos. Pero la adquisición de conocimientos no te hace competente.”
Eduard Vallory, analista social y gestor del cambio. Preside el Centro UNESCO de Cataluña y dirige Escuela Nueva 21

Eduard Vallory preside el centro Unesco Cataluña y durante los últimos años ha estado detrás de uno de los mayores y más ambiciosos proyectos de cambio escolar que se han dado en España, el de Escola Nova XXI. Así que, si hay algo sobre la que Vallory ha reflexionado en profundidad es, sin duda, la del sentido de la escuela hoy, su fin, el por qué debemos asistir a la escuela y qué aprendizajes debemos fomentar allí. Unas preguntas que, en estos días excepcionales que estamos viviendo, adquieren una relevancia absoluta y se nos muestran llenas de aristas. El asunto, como siempre, en educación, es bastante más complejo de lo que a primera vista parece.

Y curiosamente, lo primero que hace Vallory ante esta pregunta, es iluminar una de esas aristas de la que todos somos conscientes, pero de la que apenas queremos hablar, mirando para otro lado cuando alguien la sugiere y que, de nuevo, en estos momentos podemos valorar en toda su dimensión.

Nos recuerda Vallory que un elemento básico de la escuela, que no tiene que ver con el aprendizaje (o sí, podríamos discutir), es el cuidado.  La escuela, continúa, “tiene una función social de cuidado. Los niños y niñas, los adolescentes, están cuidados durante un tiempo que no están con sus padres.” Pero en el mismo momento que Vallory lanza la piedra del cuidado al agua, nos advierte su intención de dejar esta cuestión aparte. Y lo hace porque, como bien sabemos y bien ha escrito Carlos Skliar (Pedagogías de las diferencias, 2017), “cada vez que intentamos definir el lugar del dilema, éste se abre en más y más círculos que, a cada segundo, impiden una concreción precisa”.

La escuela, continúa, “tiene una función social de cuidado. Los niños y niñas, los adolescentes, están cuidados durante un tiempo que no están con sus padres.”

¿Qué experiencia esperamos que tengan los niños en la escuela?, se pregunta Eduard Vallory. ¿Qué queremos que la escuela genere en ellos? Y aquí sí que nuestro invitado entra de lleno a responder, sosteniendo algo que compartimos casi todos, que la finalidad principal de la educación, escolar añadimos para ser más precisos, es el desarrollo integral de la persona. Algo que no es solo preparar a los adolescentes para que hagan la prueba de acceso a la Universidad o pasen de curso. Es decir, dice Vallory, no vamos a la escuela ni solo para prepararnos para otras etapas educativas, ni solo para adquirir aprendizajes preventivos, como él dice. La educación, decía John Dewey y nos recuerda Vallory, “es un proceso vital y no una preparación para la vida”.

Replantear la educación, sostiene el último informe de la UNESCO de 2015 y nos recuerda Vallory, pasa por desarrollar la capacidad en los estudiantes “de articular hechos, conceptos, habilidades y actitudes y valores para dar respuesta a situaciones reales.”  Vamos a la escuela para desarrollarnos de manera más integral posible.

Desaparece, en gran medida, esa distinción que manejábamos tradicionalmente entre educación formal y educación informal. La escuela dejó hace tiempo de ser solo el lugar de transmisión de hechos e informaciones, para incluir también entre los saberes que allí se trabajan cosas como las habilidades, los valores y las actitudes. La escuela y los aprendizajes que en ella estamos desarrollando rompen, dice Vallory, con “la idea de que los conocimientos están por una parte y las habilidades, por otra.”

Las competencias, sigue, “al ser la articulación de informaciones, conceptos, habilidades y actitudes y valores para dar respuestas a una situación se real, se adquieren a través de situaciones muy próximas a la realidad”. Es decir, los aprendizajes competenciales son aprendizajes globalizados, interdisciplinarios y vinculados a proyectos. Lo que, a su vez, nos lleva a tener que hacer cambios sistémicos en la organización escolar.

Adaptar la educación a una enseñanza por competencias, “nos lleva a tener que provocar cambios profundos en la propia organización escolar y en las maneras que tenemos de enseñar, metodológicas, de evaluación”.

Os dejo con la conversación completa.

Carlos Magro