“Es central aprender para la diferencia”
Cristóbal Cobo, Especialista senior en políticas de educación y tecnología

Cristóbal Cobo es Especialista Senior en Políticas de Educación y Tecnología y autor de varios libros imprescindibles para entender la educación hoy. Todos están publicados con licencias abiertas y, si aún no lo has hecho, te recomiendo que leas especialmente Aprendizaje invisible, escrito junto con John Moravec en 2011, La innovación pendiente (2016) o Acepto las condiciones, publicado en 2019, por la Fundación Santillana.

Precisamente para la Fundación Santillana y en el marco del proyecto #enclaveFS mantuvimos una conversación con Cristóbal Cobo sobre los fines de la educación, el sentido de la escuela, sobre aquello que es importante trabajar hoy en las escuelas y, en definitiva, sobre cómo pensar en una formación a prueba de futuro.

“Es central aprender para la diferencia”, sostiene Cobo apenas iniciada la conversación. Creo, dice, “que vivimos en una sociedad donde las revoluciones se superponen”. Donde hay distintas maneras de entender la realidad y de pensar qué tipos de personas tenemos que preparar. Me gusta pensar, continúa Cobo, en una sociedad donde tanto los que están en las periferias, como los que están en los centros, tengan oportunidades de transformación. Una sociedad que sea capaz de tender puentes.

En las últimas décadas, y especialmente desde la caída del muro, se ha hablado mucho sobre globalización. Pero lo cierto es que la globalización ha sido un proceso bastante monocromático, dice Cobo. En lugar de experimentar un proceso de multiplicación de los puntos de vista que tomase en cuenta una mayor variedad de culturas, la globalización ha supuesto, como sostiene Bruno Latour, la imposición de “una sola visión, absolutamente provinciana, propuesta por algunas personas que representan un número minúsculo de intereses, limitada a unos cuantos instrumentos de medida y a unos cuantos estándares y formularios” (Bruno Latour, Dónde aterrizar, 2019).

Este proceso de homogeneización de lo diverso ha llevado a muchos a reaccionar defendiendo lo local, las tradiciones y los modos de vida particulares

Esta globalización que Latour llama mundialización-menos (en contraposición a una mundialización-más que valoraría lo diferente y la diversidad) ha supuesto, en palabras de Cobo, un proceso de simplificación de las realidades, en el que domina un único idioma y se ha impuesto un solo tipo de cultura y un modelo estándar de consumo.

Este proceso de homogeneización de lo diverso ha llevado a muchos a reaccionar defendiendo lo local, las tradiciones y los modos de vida particulares. El proceso de globalización menos, al reducir la diversidad y amenazar lo cercano, ha dado lugar al nacimiento de un movimiento de reacción por lo local y lo tradicional, que tampoco valora lo diverso y que podríamos denominar como local-menos, en contraposición a una manera de entender lo local que sí aceptaría lo diferente y que Latour llama local-mas.

En esta situación, es evidente que necesitamos cada vez más, sostiene Cobo, una sociedad capaz de poner en cuestión tanto el proceso de globalización en su versión uniformizadora y homogeneizadora, como el movimiento opuesto de volver la mirada hacia dentro, hacia lo local, despreciando y amenazando todo lo que sea diferente. La escuela que siempre ha tenido la pretensión de abrirnos al mundo, ejercitando una doble suspensión en su interior tanto de la desigualdad familiar, como la desigualdad económica, recobra así todo su sentido.

“Ninguna Tierra se corresponde con el horizonte infinito de lo Global,  pero al mismo tiempo,  lo Local es demasiado estrecho y diminuto para albergar la multiplicidad de seres del mundo terrestre”, dice Latour (2019); y  aunque Cristóbal Cobo se declara bastante escéptico en que sistemas que están diseñados para auto perpetuarse dejen espacios para poder transgredir y pensar en otras maneras de construir la realidad, sostiene, al mismo tiempo, un alto optimismo con las posibilidades que ofrecen otros espacios que rodean estas estructuras. En el ámbito educativo, Cobo se está refiriendo a espacios de aprendizaje informal, que en su interacción con lo formal pueden provocar cambios de gran interés.

Siguiendo en el ámbito escolar, la conversación se orientó hacia aquello que es conveniente enseñar en la escuela y, en concreto, en torno a los marcos de habilidades que han ganado, en palabras de Cobo, momentum y visibilidad en los últimos años, pero que no son del todo nuevas.

En cierta manera, dice Cobo, estos marcos de habilidades representan un ejemplo más de esa visión monocromática que estamos describiendo. Y entonces, la inquietud para Cristóbal Cobo es nuevamente el riesgo de simplificación de una realidad que es compleja. Cuando hablamos de marcos de habilidades, dice Cobo, “estamos de alguna manera elaborando una lista de supermercado, con elementos aislados como la colaboración, la creatividad, el liderazgo… que empobrece la interdependencia e ignora que, en realidad, lo que realmente nos interesa son las meta-habilidades”.

Recordemos que, ni tiene sentido una globalización que reduce, ni una vuelta a lo local que se aísla y expulsa lo diferente.

Otro riesgo que señala Cobo respecto a los marcos de habilidades es que, en muchas ocasiones, no son ya los países quienes deciden qué enseñar en las escuelas, sino instituciones supranacionales que, de alguna manera, deciden sobre los currículos nacionales. Lo que nos sitúa de nuevo en la tensión entre mundialización y vuelta a lo local que hace, como dice Cobo, cada vez más necesario la búsqueda de maneras “para que las agendas globales dialoguen con las agendas locales”. Recordemos que, ni tiene sentido una globalización que reduce, ni una vuelta a lo local que se aísla y expulsa lo diferente.

Algo que, a su vez, tiene que ver, como señala Cristóbal Cobo con el riesgo de caer en una excesiva instrumentalización de los saberes escolares, y con el riesgo de hacer de estos saberes algo extremadamente individual e ignorante de lo colectivo (vía un concepto reduccionista de las habilidades).

La explosión desbocada de las desigualdades, la desregulación de los mercados, la crisis migratoria y medioambiental requieren que todos asumamos nuestra responsabilidad con respecto al mundo y que mantengamos un compromiso en la posibilidad de un futuro común.

La escuela que necesitamos es aquella, como decía Hannah Arendt, ocupada tanto de transmitir como de renovar el mundo. Lo que está en juego en la escuela, no es ni más ni menos que la salvación del mundo. No solo su transformación, sino su salvación (Jorge Larrosa, 2019). En este contexto, la escuela necesita de marcos de actuación y marcos de saberes (véase también habilidades) que no cierren, sino que abran y que nos capaciten a todos para enfrentar estos retos que mencionábamos. Necesitamos una escuela que nos ayude a “vivir en un proceso constante de adaptación y de transformación”.

La prisa, ha escrito Cobo, “es tan solo una buena forma de asegurar nuestros errores futuros”. Nuestro desafío, continúa, “está en comprender que nuestra época demanda una reflexión detenida, pensar de manera profunda, aunque ello no siempre se traduzca en decisiones rápidas y apresuradas. Por supuesto, la densidad de nuestra reflexión no debe traducirse en indecisión ni en un inmovilismo que vaya en desmedro de las nuevas generaciones.” Os dejo con Cristóbal Cobo.

Carlos Magro
@c_magro