El conocimiento o se aprende en la escuela o no se aprende en ninguna parte.
Neus Sanmartí, catedrática emérita del departamento de Didáctica de las Matemáticas

“Un factor importante del fracaso escolar reside en el hecho de que los profesores estamos más preocupados por transmitir correctamente una información que por entender por qué los estudiantes no la comprenden.”

Neus Sanmartí. Evaluar para aprender. 10 ideas clave. Graó. 2007. p.10

 

“El conocimiento o se aprende en la escuela o no se aprende en ninguna parte”, comienza diciendo con rotundidad Neus Sanmartí en esta conversación que mantuvimos con ella hace unos meses, mucho antes del confinamiento, pero en la que hablamos de dos de los temas que estas semanas de aulas cerradas y escuelas confinadas han cobrado más importancia: qué debemos aprender y cómo debemos evaluar lo que aprendemos.

Si algo ha puesto encima de la mesa educativa la crisis de la covid-19 es lo difícil que nos resulta identificar los aprendizajes básicos que se deben abordar en las distintas etapas y cursos de la educación obligatoria, a pesar de que, en nuestra legislación, como en la mayoría de los países iberoamericanos, contamos con la guía de las competencias.

A pesar de la excepcionalidad y las dificultades en las que la enseñanza y la escuela han tenido que desempeñarse durante estas semanas no ha habido apenas voces, tampoco desde las administraciones educativas, que hayan recurrido a las competencias como las guías sobre las que construir la escuela en tiempos de confinamiento. Si algo hemos comprobado en estos tiempos es que nuestro Sistema educativo sigue muy centrado en los contenidos, especialmente claro en la educación Secundaria y por supuesto en el Bachillerato. Desgraciadamente, gran parte de la discusión ha estado centrada en si avanzábamos o no en los contenidos, aunque hubiera sido mucho más interesante invertir tiempo en preguntarnos cuáles son realmente los aprendizajes fundamentales en cada etapa y curso.

No es, en todo caso, un asunto sencillo, dice Neus Sanmartí en la entrevista. “La escuela nos garantiza, y es una labor fundamental, la transmisión de unos conocimientos, de una herencia, de una cultura en todos los sentidos,” pero también tiene como objetivo ayudarnos a dar sentido a lo que aprendemos y, como veremos más adelante, capacitarnos para que podamos seguir aprendiendo a lo largo de la vida. En términos de conocimientos, el objetivo de la escuela es ayudarnos a utilizar el conocimiento para participar activamente y de forma responsable en la sociedad. La pregunta a hacernos, entonces, no sería tanto para qué sirve lo que aprendemos en la escuela (pregunta recurrente por parte de muchos, entre ellos, claro, los propios estudiantes), sino qué significan realmente los conocimientos que aprendemos en la escuela, por qué son importantes, cómo se combinan para comprender mejor el mundo, cómo podemos movilizar estos conocimientos para actuar sobre el mundo, también para entender mejor por qué hacemos las cosas. Recuerden aquello de saber, saber hacer y saber ser, saber si es oportuno hacer (conocimiento declarativo-saber decir, conocimiento procedimental-saber hacer y saber ser).[1]

No vamos a la escuela solo a adquirir conocimientos, aunque la escuela, nos recuerda Neus Sanmartí sí es el único lugar en el que todos y todas tenemos la oportunidad de adquirir un acervo cultural y científico común. Vamos a la escuela sobre todo para comprender. Una idea que tiene que ver con uno de los debates tradicionales que hemos tenido en torno a la idea del currículo escolar. Ese que enfrenta un currículo adaptativo (la educación debe responder a las necesidades de la sociedad) y reproductivo (una herencia cultural, unas creencias, unos valores) contra un currículo transformador, que desafía la realidad.

En realidad, dice Axel Rivas, y sostiene en esta entrevista Neus Sanmartí: “no se trata de elegir una postura única: adaptación o transformación. Se trata de leer la sociedad en la cual viven y donde actuarán nuestros alumnos como un amplio concierto de situaciones que reclaman diversos modos de actuación. Necesitamos las dos cosas: sujetos educados para responder a las demandas de su entorno y capaces de reelaborar esas demandas en función de valores superadores que ellos mismos puedan construir en libertad[2].”

El otro gran tema de discusión durante estas semanas ha sido cómo cerrábamos el curso escolar y más concretamente cómo abordábamos la promoción, el cambio de etapa (6ºPrimaria) y la titulación de los alumnos (4ºESO, Bachillerato, Ciclos). La pregunta que una y otra vez hemos escuchado era cómo había que evaluar el tercer trimestre y cómo debíamos hacer (porque la evaluación parece que es algo que se hace) la evaluación final del curso. Pero lo que realmente todo el mundo se preguntaba, desde nuestros responsables educativos a muchos docentes, pasando por alumnos y familias, era cómo había que calificar las asignaturas y el curso, cómo podíamos hacer exámenes a distancia. Nuestra gran y principal preocupación, incluso en una situación tan excepcional, compleja y exigente para todos (alumnos, docentes, familias) como esta que estamos viviendo ha sido, ¿cómo pongo las notas?, tal y como dice Neus Sanmartí, y no tanto cuánto y qué estaban aprendiendo nuestros estudiantes.

Neus Sanmartí lleva años trabajando la evaluación de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Es, sin duda, una de las voces más destacadas en nuestro país sobre evaluación. Química de formación, fue profesora de Secundaria y directora del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Es Catedrática emérita del Departamento Didáctica de las Matemáticas y de las Ciencias Experimentales de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona y en los últimos años, ha estado muy involucrada en el grupo de trabajo de evaluación para el aprendizaje del MRP Rosa Sensat. Su libro, 10 ideas claves. Evaluar para aprender, publicado por la editorial Grào en 2007, sigue siendo una referencia para entender que evaluar no es sinónimo de calificar y que la evaluación es el motor clave del aprendizaje. “No me interesa cómo evaluar las competencias”, nos dice,”me interesa cómo la evaluación ayuda al desarrollo de las competencias.”

Con estos antecedentes no es de extrañar que gran parte de la conversación girase en torno al necesario cambio que nuestro sistema educativo necesita en la cultura de la evaluación. La evaluación, dice Neus Sanmartí, es el motor del aprendizaje, ya que de ella depende tanto qué y cómo se enseña, como el qué y el cómo se aprende.[3]

Pensando en que supone la evaluación dice Neus: La evaluación es importante porque nos obliga a cambiarlo todo y pone a los estudiantes ante las preguntas claves de cualquier proceso de aprendizaje: cómo estoy aprendiendo, qué es lo que estoy aprendiendo, por qué lo estoy aprendiendo. Os dejo con Neus Sanmartí. Espero que os guste.

 

Carlos Magro

@c_magro

 

[1] Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, por la que se describen las relaciones entre las competencias, los contenidos y los criterios de evaluación de la educación primaria, la educación secundaria obligatoria y el bachillerato. Disponible en https://www.boe.es/boe/dias/2015/01/29/pdfs/BOE-A-2015-738.pdf

[2] Axel Rivas (2019). ¿Qué hay que aprender hoy? De la escuela de las respuestas a la escuela de las preguntas. Fundación Santillana. p. 26

[3] Neus Sanmarti (2007). 10 ideas clave: Evaluar para aprender. Editorial Graó.