"El sistema tiene que estar al servicio de cada niño y no cada niño ajustarse al listón que marca el sistema."
Carmen Pellicer, presidenta fundadora de la Fundación Trilema

Es fundamental que la escuela sea creadora de igualdad, creadora de democracia, creadora de valor y creadora, sobre todo, de posibilidades de elección de futuro. Así de rotunda empieza Carmen Pellicer, pedagoga y presidenta de la Fundación Trilema,  en esta conversación que tuvimos con ella en el marco del proyecto #enclaveFS.

El desafío ético de qué clase de mundo y de sociedad vamos a querer construir en el futuro es hoy mucho más acuciante que en otras épocas de la historia.

La educación es la única posibilidad, la única esperanza de que ese futuro sea diferente a muchas de las realidades de profunda desigualdad que hoy estamos viendo. Una desigualdad que, en los últimos años, parece desbocada y que lejos de cerrarse, se incrementa con el paso del tiempo.

Hay muchos mundos, muchas realidades y muchos presentes y aunque todos tenemos un presente, de una manera o de otra, no es evidente que estemos garantizando futuros para todos y es ahí donde, sostiene Carmen Pellicer, es más relevante que nunca la idea de escuela.

La escuela vista como un lugar que cuestiona sistemáticamente la reproducción de desigualdades, la falsa idea de meritocracia o los destinos marcados de antemano. La escuela como un espacio de posibilidad para todos.

Si hablamos de escuela y de aprendizajes, la primera pregunta entonces que tenemos que hacernos no es qué enseñar o cómo hacerlo, sino por qué y para qué quiero educar, sostiene Carmen Pellicer.

El sistema tiene que estar al servicio de cada niño y no cada niño ajustarse al listón que marca el sistema.»

En esta línea parece necesario entablar una discusión genuina sobre el currículo, que es, sin duda, la pieza clave de los sistemas escolares.  De hecho, sostiene Pellicer, en un sentido amplio, el currículo es todo. Es todo lo que educa a un ser humano y visto así, lo que necesitamos es un cambio en la concepción del currículo. Verlo como algo mucho más holístico.

Es necesario tener claro qué contenidos básicos tiene que tener el niño o la niña en la mente y cuáles pueden están hoy en la memoria del ordenador. Saber cuáles son los nervios conductores de cada una de las grandes disciplinas que conforman la cultura humana. E identificar también qué habilidades tengo que entrenar. Es decir, hablar del currículo es decidir qué quiero que comprendan y qué quiero que entrenen.

Con esta visión holística del currículo, surge la necesidad también de dedicar un tiempo a la transformación también del carácter. Y, por supuesto, a trabajar no solo las competencias que tienen que ver con la convivencia y con los valores de solidaridad, compromiso social, transformación sino también aquellas que tienen que ver con el cuidado personal, el bienestar y el equilibrio.

¿Y cómo hacer esto en la escuela? ¿Cómo podemos trabajar estas competencias y habilidades? Pellicer habla entonces de un andamiaje en cuya base estarían funciones ejecutivas como la memoria, la flexibilidad cognitiva, la gestión emocional, el control de la impulsividad, la gestión de la atención o la metacognición y que son tan importantes que hasta el 40 % de los problemas de aprendizaje se deben a una disfunción ejecutiva, que con entrenamiento pueden mejorarse considerablemente.

En el siguiente escalón estarían las habilidades asociadas a estas funciones ejecutivas y que son también hábitos entrenables. Y por encima estarían las competencias determinadas por la comprensión que tiene el Sistema de lo qué es educación y para qué educamos y que permiten el enganche de las funciones ejecutivas y las habilidades con el currículo oficial.

Terminamos hablando de algunos de los grandes retos. Pellicer señala dos principalmente. En primer lugar, la necesidad de que el Sistema Educativo esté al servicio de cada niño (personalización) y no que cada niño deba ajustarse al listón que marca el Sistema, y, segundo, que cambie la relación entre el educador y el educando para que este último se convierta realmente en el centro del proceso educativo.

Terminamos, tal y como empezamos, reclamando una escuela que ofrezca posibilidades para todos y prepare a todos nuestros alumnos para los desafíos de su vida personal y de su vida en comunidad.

Carlos Magro
@c_magro