Las habilidades sociales, ese gran desafío

Friends cheering man hanging from basketball hoop

Las habilidades sociales y emocionales son el gran desafío de la educación para el futuro. En un momento en el que el contenido curricular parece tener todo el poder educativo, las también denominadas habilidades blandas suponen un pilar fundamental para la formación de los estudiantes. Aún queda mucho trabajo por hacer con ellas en los colegios. ¡Hagamos un esfuerzo mayor por trabajarlas!

El debate sobre qué habilidades son necesarias para que los estudiantes se puedan adaptar sin problemas, o al menos con la mayor facilidad posible, a una sociedad cambiante es un proceso que no carece de trabajo. Un trabajo que debe ser consensuado por los educadores, los responsables de recursos humanos y la administración.

Es cierto que cada vez somos más conscientes de que debemos repensar la educación y rediseñar la escuela para conseguir que los estudiantes se formen desde la infancia temprana en esas habilidades. Pero no lo es menos que ante todas las habilidades que un ser humano puede desarrollar desde niño, el mayor valor es su desarrollo como persona, y los centros deben ser muy conscientes de ello.

¿Están los colegios concienciados de la importancia de este tipo de habilidades?

Existen sistemas educativos en los que aún no se ha puesto el foco en la enorme necesidad que tienen los alumnos de este siglo en trabajar las habilidades blandas. El desarrollo de estas sigue siendo competencia exclusiva de las familias en casa. Parafraseando a Carlos Magro en el libro blanco de las Habilidades 21, publicado por Santillana (SET VEINTIUNO), “los sistemas educativos tradicionales y formales no solo tienen dificultades para dotarnos de esas habilidades, sino también para reconocer, evaluar y validar esta adquisición de habilidades sociales”.

En este documento se habla de la necesidad de aprender a ser, además de aprender a aprender, de la importancia de emocionarse y de aprender a relacionarse con otros. Y eso se consigue trabajando intensamente habilidades como:

  • El autoconocimiento.
  • El autoconcepto.
  • La autoestima.
  • La automotivación.
  • La resiliencia.
  • La flexibilidad.
  • La adaptabilidad.
  • La gestión de emociones.

Aprender para la vida

 

Las habilidades sociales y el hecho de aprender para la vida son dos conceptos que están íntimamente unidos. No hay aprendizaje ni progreso sin la conjunción de ambos. Para ocupar puestos de trabajo en el futuro es necesaria una excelente formación académica, pero también tener muy presente la relevancia a la inteligencia emocional y a las habilidades blandas. Y mientras que las habilidades duras se pueden adquirir en un corto espacio de tiempo, las blandas necesitan años para perfilarse. Por eso es necesario empezar pronto a trabajarlas.

Daniel Goleman (1995) acuñó el término de inteligencia emocional para referirse a la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar los estados de ánimo propios y ajenos. En este contexto nace el concepto de aprendizaje socioemocional, sugerido en 1994 por el Programa Colaborativo para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional (CASEL, por sus siglas en inglés). El aprendizaje socioemocional es descrito por el programa CASEL como la adquisición de diversas habilidades socioemocionales, entre las que se encuentran el autoconocimiento, la autorregulación, la conciencia social, las habilidades para relacionarnos con otros y la toma responsable de decisiones (Elberston, Brackett y Weissberg, 2010).

Así lo asegura Benilde García Cabrero, profesora de la Universidad de Psicología de la UNAM, en México, en un artículo publicado en la Revista Digital Universitaria titulado Las habilidades socioemocionales, no cognitivas o blandas: aproximaciones a su evaluación.

 

¿Qué dice la UNESCO?

 

La UNESCO ha señalado como fundamentales para el aprendizaje en el siglo XXI habilidades como la colaboración, la comunicación o el aprendizaje informal pero destaca las importancia de las competencias personales y sociales (capacidad de iniciativa, resiliencia, responsabilidad, asunción de riesgos y creatividad, trabajo en equipo, trabajo en red, empatía y compasión). Todas ellas son imprescindibles, tanto para la vida en sociedad como para acceder al mundo laboral.

Por su parte, la OCDE está desarrollando más profundamente esta línea de investigación y trabajo iniciando una evaluación internacional de las destrezas sociales y emocionales de los alumnos en edad escolar mediante el Estudio sobre las Destrezas Sociales y Emocionales (Study on Social and Emotional Skills).

Este estudio analiza las destrezas sociales y emocionales desarrolladas por los alumnos de 10 y 15 años en diversas ciudades y países del mundo y también a sus familias y colegios para ver cuáles son las condiciones que favorecen estas destrezas. Se fundamenta en un marco teórico en el campo de las destrezas sociales y emocionales muy conocido: el Modelo de las Cinco Grandes Destrezas. Este utiliza cinco grandes categorías que pueden subdividirse en subdestrezas de segundo orden.

Las cinco categorías generales del Modelo de las Cinco Grandes Destrezas son:

  • Apertura a las experiencias (apertura mental).
  • Meticulosidad/diligencia (desempeño en las tareas).
  • Estabilidad emocional (regulación emocional).
  • Extraversión (implicación con otras personas).
  • Simpatía (colaboración).

La necesaria participación de las familias

 

En el documento de la OCDE y la UNESCO Habilidades para el progreso social. El poder de las habilidades sociales y emocionales se pone de manifiesto que las habilidades sociales y emocionales desempeñan un papel de particular importancia en la formación de habilidades, dado que no solo impulsan el desarrollo futuro de otras habilidades del mismo tipo, sino también de habilidades cognitivas:

“La participación y el apego de los padres tienen un impacto considerable en el desarrollo de las primeras habilidades sociales y emocionales de los niños. Los programas implementados en las escuelas también pueden ser importantes, al promover interacciones intensivas entre los maestros, que asumen el papel de tutores, y los niños. Los programas específicamente concebidos para incrementar las habilidades sociales y emocionales en las escuelas han mostrado resultados positivos en el corto plazo, pero rara vez se han hecho evaluaciones rigurosas a largo plazo. Las pocas existentes, principalmente centradas en niños desfavorecidos, han mostrado efectos duraderos sobre el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Los programas exitosos de intervención en la primera infancia implican la participación directa de los niños y sus padres, y suelen incluir la capacitación parental, sesiones de asesoramiento y tutoría. Los programas exitosos centrados en niños más grandes capacitan a los docentes, en tanto que los destinados a los adolescentes mayores hacen hincapié en la tutoría y el aprendizaje práctico en el lugar de trabajo”.

La organización Transforming Education, con la colaboración entre otras instituciones, de la Universidad de Harvard, ha elaborado una guía para dirigir a los interesados en la selección de medidas de competencia social y emocional.

 

América Latina, aún débil

 

¿Y cuál es la situación en América Latina? La UNESCO ha trabajado incansablemente por mejorarla, pero lo cierto es que los resultados siguen siendo muy débiles en cuanto al manejo de estas habilidades blandas por el alumnado. Chile es uno de los países que mejores resultados parece obtener, pero es evidente la necesidad de una conversación más profunda sobre cómo mejorar los resultados en estos países.

Precisamente la UNESCO ha impartido en Chile algunos talleres cuyos contenidos principales eran habilidades socioemocionales y aprendizajes para la vida, cosmovisión social, evaluación y tareas colaborativas. Pero las habilidades sociales siguen siendo uno de sus grandes desafíos. Estas aún no son sólidas. A pesar del notable aumento en

los años de escolaridad alcanzado por los adultos en los países latinoamericanos, hay pruebas consistentes del desarrollo inadecuado de competencias académicas, técnicas y socioemocionales en América Latina.

El documento publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado El futuro ya está aquí. Habilidades transversales en América Latina y el Caribe en el siglo XXI pone de manifiesto la dificultad que supone medirlas para hacer una comparación precisa entre países, pero explica: “Algunos países han incorporado algunas mediciones sistemáticas como parte de sus programas de evaluación de la calidad de los aprendizajes, principalmente a través de cuestionarios complementarios a las pruebas estandarizadas de los estudiantes. Algunos ejemplos son Argentina, Chile, Colombia y Uruguay. Entre las habilidades que más comúnmente se miden (tanto aquellas que actualmente se miden como las que están en proceso de implementación), se encuentran la determinación, el autocontrol, la autoestima y la responsabilidad” (capítulo 7).

Educar para el futuro significa darle la vuelta a los currículums y dedicar más tiempo a detectar y desarrollar aptitudes y competencias sociales y menos a las materias “duras”. Las palabras del director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, sirven como epílogo de una reflexión que, sin duda alguna, debería tener más presente toda la sociedad: “Fortalecer las habilidades cognitivas, emocionales y de resiliencia social es probablemente el desafío más importante de nuestra educación hoy”.

La educación nos une.