Añadamos una “A”, hablemos de habilidades STEAM

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Julia Sánchez, CEO  de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, reflexiona en este artículo sobre la necesidad de añadir el arte a las siglas STEM,  ya que contribuye a desarrollar las habilidades sociales y emocionales y puede asentar los valores que queremos ver en el futuro. De estas habilidades destaca el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración.

En la Escuela de Música Reina Sofía veo cada día cómo jóvenes de 30 nacionalidades distintas hacen música juntos. Esta experiencia multicultural les permite tender puentes, superar barreras de género, raza y etnia y relacionarse en torno a un propósito común.

Uno de nuestros tríos está formado por los alumnos Izem, de Turquía; Hayk, de Armenia y Kamran, de Azerbaiyán, tres países del Cáucaso que llevan siglos atrapados en el odio étnico y religioso, pero ellos han superado estas barreras a través de la música y han forjado una sincera amistad sacando lo mejor de sí mismos.

Hay muchas iniciativas artísticas que tienen un impacto positivo en la sociedad y dan respuesta a algunos de los desafíos actuales. Pondré tres ejemplos: el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles, presente ya en 40 países, que consigue el desarrollo humano y social de jóvenes en riesgo de exclusión, La Rara Troupe, que utiliza la creación audiovisual para ayudar a personas con enfermedades mentales, o el Proyecto Basurama, que transforma la generación de desechos en posibilidades creativas.

 

Valoremos las artes y las humanidades

 

Por todo esto, cuando algunos padres no valoran lo suficiente las artes y humanidades en la educación de sus hijos, siento mucha tristeza, porque estoy convencida de que las artes y las humanidades contribuyen a desarrollar habilidades sociales y emocionales indispensables para el siglo XXI y ayudan a sentar las bases de los valores democráticos sobre los que queremos que se cimente la sociedad (como señala Martha C. Nussbaum en su último libro).

Es cierto que, en la actualidad, las escuelas están priorizando formar a los alumnos en otras habilidades, como las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), y es natural, porque con ellas van a poder afrontar algunos de los más importantes retos actuales y futuros como la digitalización y la sostenibilidad del planeta. Las habilidades STEM permitirán a los alumnos desarrollar proyectos de crucial importancia, como construir ciudades sostenibles, desarrollar tecnologías verdes y repensar nuestros hábitos de vida.

Sin embargo, las habilidades STEM no son suficientes. Por eso, estoy de acuerdo con la afirmación de Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, en su último libro: “Fortalecer las habilidades cognitivas, emocionales y de resiliencia social es probablemente el desafío más importante de nuestra educación hoy”.

 

Cuestionarse el por qué y el para qué

 

Porque estas otras habilidades ayudarán a los alumnos a no quedarse en el «cómo», que es lo que les ofrecen las STEM, sino cuestionarse el “por qué y para qué», pensar en la ética y los valores y aspirar a construir un mundo más equitativo y democrático. Seamos ambiciosos; lo que pase en las escuelas hoy condicionará el mundo que veremos.

Está en manos de los educadores y también de las familias y gobiernos que los principios que subyacen tras los Objetivos de Desarrollo Sostenible sean una realidad social en 2030.

En este diagrama podemos ver la estructura de las habilidades sociales y emocionales, según la OCDE:

Estoy convencida de que deberíamos añadir la “A” de Artes y humanidades a las siglas STEM en cuanto a lo que se debe enseñar en los colegios, ya que contribuyen a desarrollar las habilidades sociales y emocionales y pueden asentar los valores que queremos ver en el futuro.

 

Las tres habilidades sociales y emocionales

 

De entre estas habilidades, me gustaría destacar tres:

El pensamiento crítico: Vivimos inundados de información y es fundamental poder filtrarla y tener la capacidad de examinar, reflexionar y debatir con criterio. Debemos desarrollar la capacidad de pensar en el futuro de nuestra sociedad como un todo, más allá de nuestra realidad individual, y la de juzgar el liderazgo de las personas desde un punto de vista informado.

Para desarrollar esta habilidad, son fundamentales las artes y humanidades. ¿Qué mejor forma de desarrollarlas que ir al Museo Reina Sofía y reflexionar sobre lo que representó, en 1937, exponer el “Guernica” o escribiendo un ensayo reflexivo sobre el texto de un filósofo clásico, como Sócrates, o un historiador actual, como Noah Harari, y recibiendo feedback, o contrastando diferentes percepciones de un mismo poema?

La creatividad: Nos ayuda a cultivar la imaginación, que es fundamental para la innovación y la resolución de problemas y para aprovechar la inteligencia artificial para dar forma a un futuro mejor. Ya no se trata de reproducir contenido, sino de extrapolar lo que sabemos y aplicar ese conocimiento a nuevas situaciones, de romper barreras entre disciplinas y encontrar nuevas soluciones.

Según Mitch Resnik, del MIT, para poder desarrollar la creatividad hacen falta cuatro elementos: un propósito, un proyecto concreto, compañeros con los que poder colaborar y pasarlo bien y tener la capacidad de explorar, imaginar y experimentar. Las artes y las humanidades nos permiten incorporar estos cuatro elementos. Cuando un niño tiene que escribir un ensayo o un poema, componer un nuevo ritmo o dibujar un cuadro que represente un recuerdo, está desarrollando la creatividad de una forma natural.

La colaboración: Se trata de asociar todas nuestras energías para construir una sociedad más avanzada (inteligente, conectada e inclusiva), poniendo la cooperación en el centro y sustituyendo estructuras jerárquicas por espacios de trabajo más colaborativos y con estructuras dinámicas.

Las artes permiten a los niños desarrollar la colaboración:  participar en una banda o una orquesta, cantar en un coro, formar parte de una obra de teatro… requiere que nuestros estudiantes trabajen juntos y se responsabilicen de su parte y del resultado del conjunto. A través de estas experiencias, se aprende que la contribución al grupo es fundamental para conseguir un objetivo común, aunque no tengan el papel de solista o líder.

 

Hay referentes, pero necesitamos más

 

Existen ya varios referentes, desde pensadores como Martha C. Nussbaum, de la Universidad de Brown, o el periodista Fareed Zakaria hasta empresarios como Ana Botín, Rubenstein o Pallete, que manifiestan la importancia de las artes y humanidades para los ciudadanos del futuro, pero necesitamos más voces. Necesitamos que esta aspiración se traduzca en un compromiso y, por ende, en un incremento del peso de las artes y las humanidades en los colegios y en una mejora de la forma de enseñarlas.

Ya escribía Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro.

 

Julia Sánchez es CEO de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.